«Las voces de los feminismos retumban en la literatura contemporánea», nos dice Elvira Liceaga en esta grandiosa entrevista. Además, la autora, locutora y productora de radio, nos platica sobre su obra, Carolina y otras despedidas, su faceta de escritora, sus inspiraciones y sus planes próximos en la literatura.

 

1. ¿Cómo te volviste lectora y qué fue lo que te hizo querer ser escritora? ¿Recuerdas libros o autores que de joven te hayan inspirado o llevado a la escritura?

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Me recuerdo leyendo en el asiento trasero de la van en la que recorríamos el país con mis papás, novelas infantiles como El guardián de las palabras. Después de esa época no tengo memoria. De los años del CCH recuerdo que al leer El existencialismo es un humanismo de Sartre fui consciente, por primera vez, del placer tan profundo que me daba leer y que hasta ahora es una tabla de salvación. Leí sus obras, sus novelas, pero no era ninguna intelectual, también leía bestsellers como La casa de los espíritus y Cien años de soledad o Harry Potter. La vida me distraía: pocas veces le ganó un libro a una fiesta y sobreviví a la universidad entre lecturas extracurriculares y borracheras. Quizá el libro que me animó a escribir fue, ya trabajando como locutora y entrevistando autores, Todo Nada de Brenda Lozano. 

2. En tu opinión, ¿cuál es el rol que tiene la literatura hoy en día? 

Las voces de los feminismos retumban en la literatura contemporánea. Me parece que son las mujeres quienes están cambiando desde abajo, en medio y arriba cómo pensamos y cómo nos relacionamos, mientras se prueba la lenta, sí, pero firme capacidad de transformación social; y la literatura es también otra, por las estrategias narrativas, los temas antes silenciados, las protagonistas, las problematizaciones y reflexiones. Hay incluso revoluciones dentro de esta gran revolución literaria y estamos llegando a lugares inesperados que me emocionan muchisisisisímo. 

3. ¿Cómo describirías tu labor como escritora? 

Soy una escritora lenta e indisciplinada. Escribo, si lo logro, por las mañanas, un ratito, antes de chambear; tengo un trabajo real y dos programas de radio, y pronto un bebé, con quien también tendré que negociar. Escribo porque me gusta muchísimo, por puritita necedad. En mis ratos libres. No me gusta publicar, me aterroriza la industria y la opinión pública, pero pelearme a solas y en talleres con un cuento o una novela para descifrar cómo chingados voy a lograr contar esa historia, me fascina. 

4. En 2018 publicaste Carolina y otras despedidas,  ¿qué fue lo que te inspiró a escribirlo? 

Es un libro que escribí hace muchos años cuando viví en Nueva York. Los primeros años enloquecí un poco, tal vez fue la ciudad, tal vez fue el frío, sin duda la soledad, tal vez fue la presión de escribir para los demás, tal vez ya veía yo volando bajo, pero en los años más bien tristes, luego vinieron otros muy chidos, escribía sobre apegos y despedidas en una ciudad donde todos, incluida yo, suelen irse y dejar, por turnos, a los demás.

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4. ¿Cambió tu visión a la literatura después de publicar tu libro? ¿Cómo?

Cambió mi visión de mi literatura, si es que eso existe. Me leí por “primera” vez: vi qué me gustaba, qué detestaba, me pregunté qué y cómo me gustaría narrar a partir de ahí. 

5. ¿Tienes proyectos planeados a mediano o largo plazo que te gustaría compartirnos? 

Estoy escribiendo una tercera novela que se titula Las vigilantes, cuenta la relación entre una hija recién llegada del extranjero y su madre poco maternal; y una joven analfabeta y embarazada, a quien la hija alfabetiza en un albergue para madres que deciden dar a sus hijos en adopción.

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